Después de más de un lustro de mezquindades y desconfianzas, la Unión ampliada ha ratificado el Tratado de Lisboa que entrará en vigor el 1º de enero de 2010, coincidiendo con la presidencia de turno de España.
Para poner la pesada maquinaria burocrática de una presidencia permanente encabezada por el belga Van Rompuy con la inglesa Ashton al frente de la inexistente estructura diplomática de la UE, le tocará a España tirar del carro durante los seis meses de su presidencia.
Todo aquél que hablando despectivamente del papel de España en esta su probable última presidencia rotatoria hace un flaco favor no sólo a España sino a la difícil consolidación de la Unión en el marco del Tratado de Lisboa.
La Unión Europea adoptó una única postura sobre el cambio climático en la recién concluida cumbre en Copenhague. Marcó un verdadero hito que posturas varias acabaran en esa muestra de unidad con un único portavoz en la persona del primer ministro sueco, Reinfedlt. A pesar de ello, Europa no pudo imponer su buen criterio por el pasteleo promovido por Obama para no molestar a su benefactor, China. La UE no sólo puso dinero sobre la mesa sino las condiciones verdaderamente mínimas y realizables para contener el deterioro climático debido a las emisiones de CO2 por los países más industrializados o en vías de desarrollo. Es una quimera a la cual España tendrá que tomar el revelo de los suecos para empujar un acuerdo más sustancial antes que concluya su presidencia. La clave podría estar en el mes de mayo en la conferencia bilateral UE-EE.UU. que se celebrará en Madrid entre Obama, Van Rompuy y Rodríguez Zapatero.
Ligado obligadamente al tema medioambiental pende la crisis económica, que lejos de estar resuelta y a pesar de los augurios alentadores provisionales, no sólo no ofrece una resolución definitiva sino que en breve podría volver a amenazar a un conjunto mundial incapaz de efectuar verdaderos cambios estructurales de un modelo social y económico desfasado para los tiempos que vivimos.
Y aquí el verdadero reto de esos primeros seis meses de 2010, el tener valentía y decisión para emprender la transformación de un sistema global caducado para iniciar la puesta en marcha de una transformación ordenada de los elementos y recursos de esta generación en aras de una mayor calidad integral de vida de futuras generaciones.
De momento, los líderes mundiales, en mi opinión, no han dado la talla ni han mostrado la bravura que tal paso revolucionario exige. Lo que me inquieta es que gran parte de la responsabilidad recae sobre nuestros gobernantes y líderes, quienes durante seis meses serán los legítimos representantes y portavoces de la UE ante los demás líderes internacionales.
Capacidad no nos falta para cumplir con los requisitos convencionales protocolarios en ese semestre tan vital para afianzar los acuerdos ratificados en Lisboa. Sin embargo, el reto no es ese sino algo mucho más profundo y relevante.
Del semestre español debe salir una Unión consolidada y reforzada que pueda mirar a EE. UU. a la cara y decirle hasta donde le da cancha para el pasteleo con China e India por sus intereses nacionales. Europa tiene todo el derecho de exigir porque durante una década ha sostenido al Dólar USA para aliviar el descabellado gasto militar de guerras auto-impuestas. Cierto que era otra administración norteamericana la que se enfangó en esos lodos pero Obama en su primer año de mandato no ha sido capaz de enderezar el timón por diversas razones internas, una de las cuales tiene que ver con el frente económico internacional relacionado con China.
Obama está atrapado en una extraña pinza entre los poderes fácticos del Establishment de Washington D.C. capitaneados por intereses creados que instigan e intrigan, y su hipoteca económica a una China que posee un buen trozo de los bonos de estado del Tesoro de EE. UU. que aún están por vencer.
EE. UU. roza la bancarrota, reconocido por el propio Obama aunque las agencias de rating no bajen su calificación. Afganistán pide más esfuerzo y más inversión. No hay dinero para desmantelar Guantánamo. Y encima, ahora hay el compromiso de invertir en la nueva ley de sanidad pública que Obama ha perseguido desde el inicio. El Administración Obama está en una encrucijada.
La UE debe estar al quite pero sin sentirse en ningún momento inferior ni siquiera obligada por agradecimiento por la invasión de Normandía. Si no sabe estar a la altura en este momento histórico, Obama dará cancha por razones tácticas a una China y al Yuan para ocupar parcialmente el sitio del Dólar USA en los mercados del comercio internacional. Una China crecida en ese área pero con problemas internos que harán estallar sus respectivas burbujas a lo largo de 2010-2011 podrán sumir el mundo en una nueva recesión.
Todo ello serán nubarrones en el escenario internacional donde la UE debe mostrar su voluntad de ser alternativa o socio prioritario de EE. UU. para formar un tándem hegemónico que suavice la aparición en escena de los países BRIC más allá de lo deseable. No hay que olvidar que China e India difícilmente serán socios permanentes más de sus respectivos intereses puntuales. Rusia no tiene poderío económico como para tomar un papel relevante como ya ha demostrado su débil presencia en la G-8. Brasil promete bajo el mandato de Lula da Silva pero su marcha de la presidencia brasileña en 2010 abrirá la puerta a una pugna interna que volverá a poner en cuestión la estabilidad de su economía. Su ausencia del panorama latinoamericano dará nuevo impulso a fuerzas encontradas pro y anti-norteamericanas. Las intrigas volverán al panorama en un 2010.
La crisis económica va más allá de lo monetario. El eje de la cuestión pasa por su solución definitiva de la situación Palestina-Israelí. Y allí EE. UU. ha pedido apoyo europeo. No es Blair el que debe andar por aquellas tierras donde no es un interlocutor válido. España tiene su turno de presidencia y debe ser el impulsor de un nuevo encuentro de paz. Difícil reto el de Moratinos ante un Netanyahu inflexible y una Livni aislada. Tampoco nada fácil la interlocución con una Autoridad Palestina deslegitimada por Hamas.
Mientras tanto, el frente local español tampoco está libre de amenazas. Las tibias medidas no sacarán a España de su problemática situación de paro. Ni se podrá contener la mala gestión medioambiental con su enorme coste económico y perjuicio generacional.
No es solamente este Gobierno el que tiene la responsabilidad de emplear el semestre de presidencia óptimamente. Es el deber de todos los grupos parlamentarios, partidos políticos y ciudadanos de a pie, asegurar que España encamine los pasos de la UE hacia ese objetivo que se planteó ya hace décadas de hacer de la que fuera una comunidad económica común una verdadera unión política, social y económica de sus Estados Miembros. La puesta en marcha del Tratado de Lisboa el 1º de enero de 2010 es sólo el comienzo de esa andadura nada sencilla.
¿Sabremos afrontar cada uno el reto que representa ser los ciudadanos europeos a quienes culparán o admirarán según los logros de esos primeros pasos?
Fernando Fuster-Fabra Fdz.
Consultor en Relaciones Internacionales